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Carnaval de Barranquilla, patrimonio cultural de la Región Caribe Colombiana

Febrero 07, 2018

Carnaval de Barranquilla, patrimonio cultural de la Región Caribe Colombiana

El documento que se presenta a continuación está enmarcado en el estudio de las circunstancias que han conducido a la inscripción del Carnaval de Barranquilla como patrimonio cultural de la humanidad en tanto está conformado por “expresiones vivas, intangibles o inmateriales de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes”  en tanto “se compone por tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional. 

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Por: Jairo Solano Alonso 

Una de esas prácticas que constituye una estructura invariante y permanente es la unidad conformada por la música y la danza, como sello distintivo de la fiesta, a la que se unen los atavíos y disfraces ligados a expresiones teatrales y de crítica social. 

1.    Contexto Histórico: El carnaval de Barranquilla en el siglo XIX 

1.1.    Adopción del Carnaval como fiesta de la ciudad

Si bien el Carnaval de Barranquilla como fiesta citadina de origen europeo tuvo una inicial influencia de las ciudades coloniales vecinas Cartagena y Santa Marta, a la que se sumaría la versión de la celebración por cuenta de los emigrantes europeos radicados en la ciudad desde principios del siglo XIX, existen circunstancias telúricas, de la época que discurre entre principios de diciembre y marzo, en la cuales la naturaleza del caribe colombiano predispone a los habitantes la Región caribe colombiano a la celebración, de ahí que campesinos y pescadores de toda la zona del rio y del mar confluyen a la convocatoria festiva de Barranquilla. Hoy, el Carnaval patrimonio Inmaterial de la Humanidad congrega a visitantes de todos los confines, especialmente de Europa y América.

Existen evidencias periodísticas y documentales que a mediados de la centuria decimonónica el Carnaval, ya se encuentra arraigado en Barranquilla, y en el último tercio del siglo XIX, Barranquilla, se empiezan a consolidar un conjunto de valores de convivencia ciudadana en los cuales se valora altamente el jolgorio colectivo previo a la Cuaresma católica.  

Este artículo pretende realizar un examen sociológico de las expresiones culturales que dieron origen al Carnaval de Barranquilla, las razones de la adopción de este, como celebración anual en la emergente urbe, la presencia de la música y la danza como eventos centrales, y la aclimatación de esta en el marco de los procesos de urbanización y modernización de la ciudad, hicieron de la “Arenosa” un entorno cosmopolita y gestaron la integración y adaptación de esta fiesta europea “aculturada” en nuestro medio con la contribución de imaginarios,  de los pueblos diseminados en las riberas caribes del Rio Magdalena y la zona rural de los departamentos de Bolívar y Magdalena al festejo confiriéndole un sello propio.

 Existen documentados estudios de índole económica , que explican el periplo  de progreso evidente de la joven ciudad, no obstante no hay suficientes exámenes del impacto cultural del avance, aunque a través de la prensa de la ciudad se observa una euforia social inédita en una población tan pequeña enclavada en una esquina marítima del  ardiente trópico que se trasformó vertiginosamente de aldea semi rural a ciudad innovadora, ubicada en los umbrales de la modernidad con la profunda convicción de la necesidad de aparejar el progreso material con sus expresiones simbólicas.

Uno de los órganos de prensa que tuvo mayor continuidad y solidez conceptual fue “El Promotor” que circula entre 1871 y 1909 e ilustra con gran detalle este período, se publica en la Imprenta de los Andes, el sábado 28 de febrero de 1871, se publica el primer número del semanario en mención bajo la conducción de su Director Propietario Don Ricardo Becerra quien pronto se retira para dejar la conducción en manos del editor Don Domingo González Rubio.  El Promotor se denomina a sí mismo: “Vocero de los intereses comerciales de Barranquilla”.  El presente trabajo circula en torno a algunos aspectos de la vida cultural de Barranquilla a través de las páginas del diario en mención principalmente y de otros medios bibliográficos y documentales.   

Ha sido mi propósito explorar en el acervo periodístico y documental de la ciudad excelentemente conservada por la Corporación CLENA y en especial por el Archivo Histórico Departamental (AHD), aspectos de la tradición carnestoléndica de Barranquilla, a través la prensa, en este caso particular el diario “El Promotor” en el último tercio del siglo XIX.

El fenómeno del Carnaval de Barranquilla en el periodo indicado nos revela diversas estructuras invariantes de orden sociológico y cultural que permanecen en el tiempo y son el sello característico de la fiesta.

1.    En el Carnaval de Barranquilla coexisten los factores urbanos con la incidencia de la población de pueblos y ciudades del Caribe colombiano en especial del Rio Magdalena ya que la ciudad ha sido históricamente escenario y polo de atracción de conjuntos humanos urbanos y rurales que aportan su contingente de tradiciones e imaginarios a la gran fiesta. Por ello la presencia de Cartagena, Santa Marta, Ciénaga y los pueblos del río adquieren un sentido en la lógica propia de la convocatoria festiva de Barranquilla.

2.    En las expresiones de los periodistas y la descripción de los eventos la fiesta de la carne de origen religioso asume en la ciudad un sentido peculiar.  Dado el carácter portuario y la presencia de una burguesía importadora de comerciantes de ultramarinos, la mentalidad barranquillera hacia la modernidad ligan el carnaval a la tradición europea  lo que no riñe con las expresiones populares ligadas a los motivos telúricos de la Costa caribe 

3.    El Carnaval se aclimata inicialmente en Barranquilla como un fenómeno urbano ligado a tradiciones de la cristiandad portadas migrantes españoles (especialmente andaluces) italianos, alemanes, criollos con fuerte arraigo europeo ( Especialmente la impronta gaditana heredada por Cartagena de donde proceden algunas familias arraigadas en la ciudad) por ello el parentesco de teatro y letanías con las chirigotas del carnaval de Cádiz: “Todo en una continuación de esa permanente inmersión de los colonizadores ibéricos en las aguas erotizadas de los ritmos afroantillanos y el mestizaje” 

4.    La presencia de la provincia del Atlántico y de las comunidades del campo costeño se detecta en la organología musical folclórica representada por gaitas y tambores.  La presencia negra, zamba y mestiza en los disfraces totémicos de animales y en los congos, reminiscencia de los cabildos de Cartagena.  La feria de Magangué era la encrucijada de encuentro de la ciudad moderna y la zona del río.


5.    Existe desde siempre la presencia de complejos lírico-musicales  que constituyen verdaderos lenguajes que articulan el verso a la melodía constituyendo el texto y las narrativas de la musicalidad propia del Carnaval de Barranquilla.  Se mencionan bandas musicales organizadas dirigidas por maestros y músicos profesionales que cultivan aires europeos: polcas, valses y danzas.  En el escenario callejero se escucha la música popular de origen triétnico.  No obstante predomina hacia finales del siglo XIX, la música de pentagrama.

6.    Hay una coexistencia transitoria de clases sociales que se confunden en el abrazo de las identidades festivas propia de las carnestolendas, pero también hay coexistencia de ritmos, puesto que “pasados los tiempos de la esclavitud, el ritmo pudo ser también liberado…pudo ser dedicado más y mejor, a ser mensajero y continente de las alegrías y melancolías de estar vivo y sobre todo ser un modo principal de comunicación directa de la danza del mundo” 

7.    Ética de los valores: permisividad, tolerancia, alegría, hospitalidad, solidaridad, encuentro empático y simpático, riqueza y prosperidad.

8.    El elemento modernizante de los aires europeos y norteamericanos impulsado por las élites, cohabitaba con las raíces folclóricas de indígenas, blancos y africanos amalgamadas en tambores y pitos de nuestros campos, que se tomaban las calles con sus cantos consistentes en coplas y décimas picarescas que invitaban al baile y la sonrisa.

9.    La integración social de las herencias musicales de cada conjunto cultural que habitaba la ciudad fue cuestión de tiempo. A pesar de la presencia de ideas y Sociedades Democráticas que promovían una convivencia de clases, persistió la clasificación de los bailes en de “primera, segunda y tercera”, en alusión a las distintas clases sociales, como era costumbre de las fiestas de la Candelaria de Cartagena. Es así como en Barranquilla rivalizaban entonces los salones de la aristocracia y los de los grupos democráticos, y cada uno se esforzaba en hacer las mejores fiestas.

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