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Comprar racionalmente para recibir bien el nuevo año

Noviembre 27, 2018

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Comprar racionalmente para recibir bien el nuevo año

Recomiendan adquirir hábitos de consumo regulado para aprovechar la temporada, sin adquirir productos de manera compulsiva y así evitar desajustes económicos.

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La Navidad y el fin de año son una época esperada con ansias por muchos. Las reuniones familiares, las vacaciones y las compras suelen ser motivo de emoción y alegría, pero los gastos en que se incurre para financiar estos momentos pueden terminar volviéndose un problema serio apenas concluye la temporada.

Por eso lo ideal es programarse adecuadamente estableciendo, primero, con qué recursos económicos se cuenta y, luego, determinando cuáles son las prioridades. De ninguna manera se puede dejar de pensar en los compromisos posteriores, como el caso de las familias con niños y jóvenes en edad escolar que requieren también presupuestar los requerimientos escolares del nuevo año. 

A propósito de la llegada de esta esperada temporada, el neuropsicológo Pedro Puentes Rozo, investigador de la Universidad Simón Bolívar, advierte que cuando se compra de manera irracional o descontrolada es probable no solamente que se les presenten a las personas problemas económicos sino también de salud, y cita como ejemplo el hecho de que en países como Estados Unidos, la obesidad en los niños causada por la ingesta excesiva de la llamada comida chatarra, que se volvió muy popular y comercial pese a que este tipo de productos generan adicción. Algo similar puede pasar con las compras de otros artículos.

“Soy neurocientífico y hay una línea de la neurociencia que cuestiono y es el neuromarketing, que es algo así como estudiar los cerebros para hacer que compren; por eso pienso que se debe promover una nueva línea para inducir al consumo regulado. Indudablemente que nuestra economía es de mercados pero no la podemos responsabilizar de eso, la globalización nos lleva a consumir pero podemos ser consumidores regulados”, sostiene. 

El académico, que lidera el grupo de investigación Neurociencias del Caribe, se refiere a la línea delgada que separa a quienes compran de manera desmedida de los compradores compulsivos, de los que dice que son las personas que tienen que adquirir productos de forma irreflexiva e irreprimible, incluso sin distingo de temporada. Simplemente ver una vitrina decorada o tener dinero en el bolsillo resulta la motivación perfecta para gastar, es decir, que tienden a comprar cosas sin necesidad, que quizás les sirvan pero no las requieren en ese momento. Pueden llenarse de zapatos, camisas o cualquier otro artículo, sin que los necesiten; no se abstienen si ven el anuncio de una oferta o promoción especial, porque la aprovechan sin mucho análisis. 

Además plantea que ser comprador compulsivo “es un trastorno porque aunque están sin dinero tienen que comprar y terminan endeudados; hoy en día el mercado sabe eso, los analistas saben eso, y te llaman a ofrecerte tarjetas de crédito sin cuota de manejo, por ejemplo, y en este caso quienes actúan impulsivamente compran y compran, pero cuando reaccionan su capacidad de endeudamiento está colapsada y eso les genera grandes problemas”.

Su planteamiento sobre el consumo controlado o regulado lo compara con lo que ha sucedido con el tabaco que, después de generar diversos líos judiciales por los efectos causados a los consumidores, se comercializa con la advertencia expresa a los compradores sobre los efectos que puede generarles en la salud. Si la persona toma la decisión de fumar lo hace teniendo en cuenta esa información sobre los riesgos que corre. En el caso de los compradores, sería conveniente enseñarles mecanismos para regularse, adquirir las cosas de manera inteligente y teniendo siempre en cuenta sus condiciones financieras.

Consumo inteligente
La figura del consumidor inteligente no se circunscribe a la adquisición de productos a los mejores o más bajos precios del mercado. Hay otra serie de factores que influyen para que la compra de bienes y servicios sea conveniente y llene las expectativas de quienes la realizan. En esta época es importante tenerlos pendientes para disfrutar sin lamentaciones posteriores. 

La Superintendencia de Industria y Comercio, en su página web, ha expuesto recomendaciones para el consumo inteligente de cualquier producto o servicio, como: 

- Exigir siempre la factura o recibo. Puede necesitarla para un posterior reclamo.
- Al realizar una compra debe percatarse de que el valor anunciado corresponda al precio total del producto, incluido los impuestos o cualquier cargo adicional a que hubiere lugar, es decir, debe incluir el IVA.
- Observar bien el contenido neto de un producto y el tamaño de su envase. Pueden presentarse diferencias.
- Revisar las especificaciones técnicas de los productos y solicitar la entrega de los correspondientes manuales e instrucciones de uso.
- Prestar atención especial a las promociones pues en el momento de la compra se deben satisfacer los ofrecimientos.
- Verificar los precios de los bienes que se adquieren antes de pagar.
- Analizar las diferentes ofertas y comparar precios, cantidades y calidades, ello puede significar un ahorro.

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Avalancha de gastos

Por: Oswaldo Olave Amaya*

En cualquier nivel socioeconómico que se encuentra ubicado el ciudadano colombiano, su preocupación es pasar un agradable fin de año y para ello necesita adquirir, en forma extraordinaria, productos que satisfagan su anhelo de felicidad, entre ellos las compras de Navidad, por la tradicional costumbre de los regalos, estrenar vestido, la cena navideña, el brindis etílico, en fin, gastos que muchas veces sobrepasan la capacidad adquisitiva de los ingreso, de los estratos 1, 2 y 3 de las familias colombianas.

Sumado a lo anterior, sin tener en cuenta la costumbre tradicional de los festejos, vienen los primeros días del año venidero la facturación agobiante de las responsabilidades en el pago de vivienda, educación servicios públicos, compromisos crediticios y concomitantemente se vienen las andanadas de aumentos por el bendito IPC y la especulación de algunos oferentes que, después de los momentos agradables pasados en diciembre, aterrizan al ciudadano imprevisor que, desafortunadamente no tiene cultura financiera de manejar sus ingresos, enfrentándose a una realidad frustrante porque el aparato productivo se ajusta a las nuevas realidades de la inflación y de las perspectivas e iniciativas gubernamentales de los impuestos agobiantes vía IVA que, entre otros, es el fundamental para el gobierno y nefasto para la clase popular y trabajadora, por su carácter regresivo que golpea directamente a los bolsillos de los menos favorecidos y que hacen doloroso su transitar por el nuevo año.

Las anteriores apreciaciones se fundamentan en la economía conductual y las finanzas conductuales, que son campos convergentes que aplica la investigación científica para explicar las tendencias del comportamiento de los consumidores en la época decembrina.

Las compras de esta época del año se amarran a la costumbre de la Navidad. El ciudadano, con la natural excepción a que pertenecen a los llamados pobres extremos, fundamentalmente compra por tradición, y los empresarios, comerciantes, lo entienden muy bien, por ello aprovechan todas las estrategias de mercadeo para atraer a sus negocios la mayor clientela posible, como se dice coloquialmente “cuadrar caja”.

En Navidad, los regalos comunes no son excesivamente necesarios, constituyen más bien un premio, una recompensa, un detalle, por eso se afirma que las estrategias del comercio que mejor funcionan son las que contienen mensajes emotivos con ocasión del fin de año, formando los llamados momentos de compra social y a veces compulsiva.

* Economista, Phd en Filosofía con Orientación en Ciencias Políticas. Investigador Universidad Simón Bolívar

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