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La cultura, clave para la transformación social

Septiembre 06, 2018

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La cultura, clave para la transformación social

Arrasadora de culturas locales, la globalización aplasta al ser humano e impone un modelo prácticamente único que equivale  a una “clonación”. Ernesto Sábato. La resistencia.

Por Antonino Vidal Ortega* - antonino.vidal@unisimonbolivar.edu.co

En un mundo cada vez más globalizado, orientado hacia la homogeneización y estandarización cultural con las que se aspira a imponer patrones culturales de consumo pretendidamente universales, surgen cada vez más voces autorizadas y vigorosas que se manifiestan desde la reafirmación de antiguas y nuevas identidades buscando evitar que la globalización se construya sobre los despojos de la diversidad, de esa de la que tan rico somos en nuestro Caribe colombiano.

La Universidad Simón Bolívar está absolutamente consciente que potenciar nuestra identidad, poner en valor nuestras tradiciones y unir la cultura y el arte en la búsqueda de la sostenibilidad es necesario para nuestra sociedad. 

¿Y cómo pretendemos incidir en esto? 
Con la formación de un capital humano de excelencia que con sus capacidades pueda aportar a las organizaciones, empresas e instituciones  y propuestas para una mejor toma de decisiones. La educación y la cultura son nuestro compromiso y nuestra oferta de posgrados da buena cuenta de ello.

Conocer otras culturas y obtener información de ellas con más rapidez, inconscientemente nos está llevando a debilitar nuestra identidad y a quitarle valor a lo propio, a lo heredado de nuestros ancestros, ya que como seres humanos con frecuencia imitamos lo que apreciamos de los demás; lo que nos gusta, lo que admiramos y quizá hasta lo que envidiamos. 

Por estas y otras razones esta sociedad de consumo desaforado e insustentable nos estandariza y nos convierte en imitadores de otros. Para efectos prácticos, en lo que se refiere al tema de cultura, evolucionamos tan rápido que las generaciones actuales son muy diferentes a las generaciones de hace veinte o treinta años.

Los avances tecnológicos y sobretodo del capital, transforman el mundo actual a una velocidad jamás vista en la pequeña historia de la humanidad y hoy día la inteligencia artificial nos facilita/despoja de los que fueron nuestras ocupaciones tradicionales, parte de los cuales forjaron nuestra identidad y nuestra cultura. 

En este entorno vertiginosamente cambiante, líquido, en el que desde que nacemos se nos entrena y educa continuamente para ser consumidores -con el riesgo que conlleva para la ciudadanía y los derechos políticos adquiridos en nuestras democracias occidentales durante los siglo XIX-XX-, los educadores plantean que si tal como parece la inteligencia artificial va sustituirnos como médicos, controladores aéreos, ingenieros o empleados de cualquier rama productiva, lo mejor hoy en día es potenciar la creatividad en nuestro sistema educativo y para ello volver a fomentar los estudios sobre la música, el arte, la literatura, de los rituales y tradiciones y dar valor al patrimonio de los pueblos, en definitiva un aprendizaje que potencie la creatividad de los jóvenes con modelos propios y no impuestos, modelos dirigidos a construir consensos, inclusiones e igualdad en la sociedad.

Asimismo, partimos de que la cultura es un bien público: participar, crear y tener acceso a la vida cultural son derechos humanos universales. En relación a este tema leía días atrás a una periodista de Puerto Rico que sostenía, a mi manera de ver muy acertadamente, que una perspectiva cultural comprometida con la realidad es clave para entender los procesos sociales e impulsar acciones encaminadas a reducir las inequidades e injusticias del presente. Por tanto, es hora de cambiar el paradigma sobre la producción de conocimiento en relación a lo cultural y este debe ser derivado sin dilación hacia aplicabilidad en la sociedad.

El conocimiento producido por las Ciencias Sociales y Humanas debe abandonar las paredes del cerrado mundo académico y ser transferido a los gestores y gestoras culturales, demostrado en otros países, y ser orientado con determinación a asumir posibilidades de la transformación social, particularmente en coyunturas difíciles como las que afronta actualmente la memoria de la Colombia del posconflicto. 

Actualmente en las regiones de Colombia, en la dura coyuntura emocional del pos conflicto, el arte y especialmente la educación artística, fomenta en múltiples proyectos desarrollados el encuentro entre las comunidades, la libertad de expresión de las ideas y hace aflorar la sensibilidad. El arte fortalece el arraigo, la identidad, la convivencia y los lazos de unión de las comunidades que han sido rotos.

Programas de alto nivel para formar a gestores y gestoras culturales son necesarios, pues ellos deben involucrarse en la construcción de comunidades autónomas e independientes que puedan proponer soluciones a los problemas actuales y sobre todo, a generar consensos que articulen y fomenten espacios más amables de convivencia, participación ciudadana y diálogo social.

La cercanía, los valores compartidos y la tradición unen a los pueblos y ello debe traducirse en un activo de las políticas culturales y propuestas orientadas a deshacer creencias que inducen y mantienen conductas como el machismo, la xenofobia, el consumo insustentable que destruye la naturaleza ante nuestros ojos, la pobreza, es decir, la desigualdad social e inequidad en sus múltiples dimensiones. 

La acción desde la cultura puede establecer nuevas formas de representaciones sociales, nuevas narrativas que posibiliten un entorno de relaciones más igualitarias y democráticas. Rescatar los saberes tradicionales y conectar a quienes los practican con sus propias realidades. Y desde este planteamiento se puede expresar una visión más amplia de desarrollo cultural que insufle a las artes y al patrimonio, y tomen en cuenta la innovación creativa y su potencial económico, así como su contribución al empoderamiento de individuos, organizaciones y comunidades en la construcción de una sociedad sostenible.

No obstante, cuando mejor se vislumbra este rol multidimensional que la cultura puede desempeñar es cuando se enfrentan grandes retos para desarrollarla. En parte debido a la reducción de fondos públicos para su quehacer, como resultado de medidas de austeridad y de expertos que la ven como un campo independiente al devenir social, político y económico, que la conciben, por asi decirlo, como algo marginal. Doloroso ejemplo de ello fue el trágico incendio del museo nacional de Brasil. ¿Cómo puede cuantificar la tecnocracia el valor de lo perdido? ¿En el lenguaje de los números?.

Si damos un repaso histórico por la comunidad política internacional en momentos puntuales, y durante difíciles transiciones, la cultura demostró ser un recurso fundamental para crear nuevos paradigmas e intentar cohesionar a un país en torno a una visión compartida. En nuestra comunidad Iberomericana tanto en España como Chile, luego de prolongados gobiernos dictatoriales, la cultura fue soporte principal del proceso de cambios.

En iberoamérica durante los siglos XIX y XX, los Estados Nación hicieron esfuerzo -con aciertos y limitaciones, a través de la notable la labor de gestores culturales que, quizás con el nombre de maestros, se adentraron a las comunidades rurales para alfabetizar, educar en torno a asuntos básicos de la vida en común. 

Aún a pesar de la ausencia de Estado en este campo, es estimulante conocer la diversidad y pertinencia de valiosas iniciativas culturales, gubernamentales e independientes, las cuales con dificultad sobreviven y han demostrado así la tenacidad vital de nuestra gente, creadores y creadoras. 

¿Porqué no potenciar esos modelos? 
La cultura puede contribuir a impulsar un desarrollo humano amplio y sostenible y desde luego a cambiar un paradigma neoliberal de la inteligencia productiva sin emociones (Silicon Valley) y somos seres humanos y las emociones y la identidad forman parte de nuestra existencia.

En tiempos convulsos y desalentadores como el que vivimos, la gestión desde la cultura, una cultura que nos haga valorar lo propio, que nos de seguridad de lo que somos es esencial para imaginar futuros posibles y sobre todos hacerlos realidad. La propuesta a este desafío, desde la Universidad Simon Bolivar, es su programa de doctorado Sociedad y Cultura Caribe. ¿Por qué no vienes a conocerlo?

*Director del Doctorado en Sociedad y Cultura Caribe
Miembro del Centro de Investigación e Innovación Social José Consuegra Higgins

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