Investigadores del CICMAR ofrecen su experticia para la sostenibilidad de los manglares en proyectos ecoturísticos del Atlántico
Con motivo del Día Internacional para la defensa de los Manglares, conmemorado cada 26 de julio por la Unesco, los miembros del CICMAR recuerdan que estos bosques son el único ecosistema estratégico natural que posee el departamento en su zona marinocostera.
El conocimiento generado en más de cinco años de estudio sobre la evolución de los bosques de manglar del Atlántico, por parte del equipo del Centro de investigaciones e Innovación en Ciencias del Mar y Limnológicas (CICMAR), está a disposición para garantizar la sostenibilidad de este ecosistema en los proyectos ecoturísticos que lideran las autoridades de Barranquilla y el Atlántico.
“Estamos proponiendo una mesa de trabajo conjunta, para poner el conocimiento que hemos generado con el propósito que la Administración Pública, pueda darle sostenibilidad en el largo plazo a este proyecto tan importante”, aseguró el biólogo Hernando Sánchez Moreno, profesor de Unisimón y director del CICMAR, una iniciativa de investigadores científicos de la Universidad Simón Bolívar, la Universidad de la Costa, la Universidad del Atlántico, la Universidad de Cádiz (España), la Universidad de Giessen (Alemania) y la Escuela de Suboficiales “ARC Barranquilla” de la Armada Nacional.
Con motivo del Día Internacional para la defensa de los Manglares, conmemorado cada 26 de julio por la Unesco, los miembros del CICMAR recuerdan que estos bosques son el único ecosistema estratégico natural que posee el departamento del Atlántico en su zona marinocostera.
Como está demostrado, los ecosistemas de manglares jugarán un papel de importancia en los procesos de adaptación a los efectos del cambio climático global, pero estamos ante una señal de alarma: su cobertura en los últimos 100 años pasó de unas 10.000 a 600 hectáreas en la banda costera comprendida entre la Ciénaga de Mallorquín, ubicada en Barranquilla junto a la desembocadura del Río Magdalena, y las playas de Puerto Colombia.
“Mucho de lo que vemos en los manglares son los residuos que quedan en la playa que, con el viento y las corrientes, acaban siendo atrapados por el manglar. Esto afecta tanto el desarrollo de las especies, como los microrganismos que viven en este ecosistema”, dijo Luana Portz, oceanóloga Ph.D., profesora de la Unicosta. “No se trata de sacar los residuos del ecosistema, sin tener una estrategia para que estos no lleguen hasta el manglar”.
En un estudio sobre las amenazas que en 30 años han acechado tres bosques de manglares en Atlántico y Bolívar, se determinó que la zona de Mallorquín sufrió modificaciones por el crecimiento urbano a orillas de la parte sur del humedal, lo que ocasionó que se perdieran alrededor de 51 hectáreas, entre 1998 y 2013; la construcción del tajamar occidental de Bocas de Ceniza, por lo cual se erosionaron 65 metros de manglar al año, entre 1939 y 1987; y la sequía registrada de octubre de 1997 a enero de 1998, por El Fenómeno del Niño.
El análisis destacó, no obstante, que la cubierta de manglares de Mallorquín mejoró entre 2013 y 2018 por la aparición de un banco de arena al frente de la playa de Puerto Mocho, al igual que las campañas de reforestación realizadas por diferentes entidades públicas y el mantenimiento de los canales que comunican a la ciénaga con el río.
El profesor de Unisimón, Hernando Bolívar Anillo, microbiólogo Ph.D., destacó que desde el CICMAR no solo se ha estudiado la evolución de los manglares del Atlántico, sino también los microrganismos que viven dentro de los árboles.
“Hace poco participamos en una convocatoria del programa Cubes in Space, de la NASA, y fuimos seleccionados para enviar unos experimentos al espacio. ¿Nuestra intención? Conocer qué microrganismos viven en el manglar y la posibilidad de utilizarlos para hacer terraformación en Marte, que quiere decir que las plantas puedan crecer en suelo marciano”, explicó Bolívar.
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