¿Para qué se aplicarán la inteligencia artificial y la sensórica en el Ecoparque Mallorquín?
A través de estaciones de monitoreo se efectuará la vigilancia ambiental del bosque de manglares y de la ciénaga.
El trabajo científico para la vigilancia ambiental del Ecoparque Mallorquín, en Barranquilla, se realizará con equipos de sensórica e inteligencia artificial para adquirir datos sobre cambios de clima, temperatura y salinidad en este ecosistema.
De acuerdo con Nataly Galán Freyle, directora del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Vida (CICV) de la Universidad Simón Bolívar, “para esto se requiere una plataforma robusta que analice toda esa información con la cual puedan tomarse decisiones oportunas”.
El sistema será responsabilidad de AudacIA, el CICV y Adaptia, tres de los centros que conforman Eureka, el Distrito de Conocimiento e Innovación de Unisimón. El monitoreo fisicoquímico contará con el respaldo de Victa, una iniciativa fundada por la doctora Galán que en 2017 fue incubada por Probeta, programa de la Alcaldía de Barranquilla y el Centro de Crecimiento Empresarial e Innovación, MacondoLab, que fortaleció y consolidó negocios locales basados en ciencia.
El alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo Heins, destacó la participación del sector académico de la ciudad en proyectos que generan un impacto positivo en las comunidades a través de los ecosistemas y recursos naturales que lo integran.
“Estamos contentos de articular el trabajo con la academia, porque sabemos que recuperar la Ciénaga de Mallorquín es un proceso de mediano y largo plazo, que requiere un eje transversal en investigación e innovación que le permita al ecosistema de Mallorquín no solo recuperarse, sino brindar información relevante en materia ambiental”, comentó Pumarejo.
El mandatario distrital detalló, además, que “la naturaleza, en su sabiduría, nos permitirá desde Mallorquín medir con sensores la temperatura, la salinidad, el pH y el nivel de las aguas para conocer efectos de cambios en el clima en este tipo de ecosistemas y, además, seguirá sumando a la seguridad agroalimentaria, con el desarrollo de productos biotecnológicos que van a permitir a plantas y cultivos tolerar suelos salinos y tener mejores resultados en cosecha”.
El Ecoparque será uno de los ecosistemas de la región Caribe que contará con estaciones de monitoreo del bosque de manglares y de la ciénaga, dentro de un proyecto financiado por el Sistema General de Regalías. Las otras áreas que serán vigiladas están en el municipio de Santa Lucía, el corregimiento Pital de Megua (Atlántico), y los departamentos del Magdalena y Cesar.
La investigación se enfocará en el aprovechamiento de los ecosistemas marino-costeros como una alternativa para aumentar la tolerancia a la sequía y la salinidad del suelo en las plantas de interés agrícola y los bosques de manglar.
Seguridad alimentaria y energía renovable
Durante los 24 meses de ejecución del proyecto se recopilarán datos para que una plataforma de inteligencia artificial arroje información sobre los efectos del cambio climático en los ecosistemas marino-costeros, a partir de un modelo basado en algoritmos de predicción.
“La sensórica mandará señales si los suelos estarán siendo alterados, si las plantas están siendo afectadas o de qué manera se adapta y sobrevive en condiciones agrestes”, contó Reynaldo Villarreal González, director de AudacIA.
La iniciativa también aportará a la seguridad agroalimentaria y la sostenibilidad de la región con el desarrollo de productos biotecnológicos, a partir de microorganismos endófitos del mangle que permitirán a plantas y cultivos tolerar suelos salinos y mejorar sus rendimientos.
“Esta estrategia integral va desde la educación e investigación científica hasta la generación de soluciones basadas en la naturaleza, que tendrá un impacto comunitario y contribuirá con la agricultura sostenible, la adaptación y mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad”, señaló Yani Aranguren Díaz, directora de Adaptia.
El sistema de monitoreo mantendrá los principios de sostenibilidad y, además, será amigable con el medioambiente porque los equipos se abastecerán de energía renovable obtenida de paneles solares.
“Es una propuesta del Distrito de Conocimiento e Innovación, en la que varios de nuestros centros aportan su experticia con nuevas fuentes de conocimiento y desarrollo, impactando la calidad de vida de la región y demostrando que podemos formular y ejecutar proyectos transdisciplinarios que articulan al sector académico con el público, las empresas y la comunidad”, resaltó Paola Amar Sepúlveda, vicerrectora de Investigación, Extensión e Innovación de Unisimón.
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